lunes, 10 de octubre de 2016

¿CÓMO SER UN BUEN CIUDADANO Y VOTAR COMO UN BUEN CATÓLICO?



Centro de Estudios Políticos y Sociales “Santo Tomás Moro", 5-10-16

Indicaciones del obispo de Lincoln ante la diatriba Trump-Clinton.

por Jaime Septién

En su columna escrita el pasado 30 de septiembre para el Southern Nebraska Register, (“Votar y vivir como buenos ciudadanos”) el obispo de la diócesis de Lincoln (Nebraska), monseñor James D. Conley toca un tema importante para la actualidad de Estados Unidos: ¿cómo votar como católicos ante la perspectiva del debate Trump-Clinton?

Sin mencionar una sola vez el nombre de los candidatos a la presidencia de la República, el obispo Conley recuerda que este noviembre los católicos estadounidenses “tienen la oportunidad de configurar en las urnas” la dirección de la nación, los estados y de las comunidades locales.
Votar es un deber ciudadano –escribe el prelado estadounidense—“y ser un buen ciudadano es una obligación moral para todos los católicos”. 

Más adelante agrega que no se puede “tomar a la ligera” la responsabilidad de dirigir la acción de los gobiernos y mucho menos dejar de participar en la vida pública por apatía y o por coraje.

Ante este panorama y aunque un obispo “no debería decirle a los católicos por quién votar”, monseñor Conley ha decidido “ofrecer cuatro puntos de guía, extraídos de la sabiduría de la Iglesia, para discernir alternativas viables como votantes”.

Cuatro plataformas de discernimiento

El primer punto es que el gobierno tiene un “propósito importante” y que los votos emitidos por los ciudadanos ayudan a alcanzar ese propósito.
“La Iglesia católica enseña que el propósito y la obligación de nuestros gobiernos es construir el bien común”, dice el purpurado. Y subraya que el bien común tiene tres elementos: respeto por la dignidad, los derechos, las obligaciones y la libertad de la persona humana; respeto por el bienestar, el desarrollo y el florecimiento de toda la comunidad, y la paz con estabilidad y seguridad en una comunidad ordenada, gobernada por la regla de la ley.

“Mi segundo punto es que ante algunos temas la obligación moral de católicos y la demanda del bien común hacen muy clara la postura. Por ejemplo, ningún católico puede votar, en conciencia, para expandir la protección legal del aborto y apoyar el asesinato de niños no nacidos”, enfatizo el obispo de Lincoln.
Y subrayó que el aborto es “un grave, inconcebible e intolerable mal” y los católicos no pueden estar de acuerdo con ello en la hora de comprometer su voto en las elecciones.

El tercer punto de la guía de monseñor Conley es una invitación a considerar, cuidadosamente, lo específico de cada elección. Dejando un lado el ciego partidarismo, el obispo pide discernir “cual es el candidato que puede hacer avanzar la dignidad humana, el derecho a la vida y el bien común”.
Y si en conciencia el católico descubre que no hay tal candidato, en circunstancias extraordinarias puede abstenerse de votar en esas elecciones.
“También necesitamos recordar –dice—que no somos responsables de los votos de otras personas. Elegir no votar por el Candidato ‘A’ no es lo mismo que votar activamente por el Candidato ‘B’. Ningún católico debe sentirse obligado de votar por un candidato solo para oponerse a la elección del otro”.

En el cuarto y último punto, monseñor Conley apunta que ser buenos ciudadanos –en la construcción de una cultura de la vida y una civilización del amor—es mayor obligación (y oportunidad) que solamente votar.

El camino del voto es Cristo
Los estadounidenses están ahora divididos y confundidos por la retórica política. Pero Estados Unidos necesita una visión más profunda de la vida pública que valore y proclame la dignidad de todas las personas y que haga “florecer” a los individuos, las comunidades y las familias.
Esta visión de fondo, termina diciendo el obispo de Lincoln, “no llegará a través de una elección; llegará a través de la vida en Jesucristo: la parte más importante de ser buenos ciudadanos es vivir como fieles discípulos misioneros de Cristo Jesús (…). De hecho es la principal razón por la que estamos llamados a la esperanza”.


Aleteia (4/10/16)